¿Dónde está Magufuli?

Cuando el 27 de febrero, el presidente tanzano John Pombe Magufuli acudió a la Cámara de Representantes para nombrar como nuevo secretario jefe de Gobierno a Bashiru Ally, nadie imaginaría que esa sería la última vez que el presidente se dejaría ver en público, hasta el momento. Casi 3 semanas más tarde, los desencadenantes rumores embarcan al país hacia una crisis social alentada por el desconocimiento y la inestabilidad política. 

Magufuli es una de las figuras políticas más reticentes y escépticas sobre la COVID-19. A finales del mes de enero advirtió que «las vacunas son peligrosas» e incluso promovió una campaña contra la vacunación frente a la pandemia. Es ahora cuando los ojos se posan sobra su desaparición, sobre la que muchos apuntan, entre ellos el líder de la oposición Tundu Lissu, de estar recibiendo un tratamiento médico en un hospital privado de Kenia tras contagiarse por el coronavirus. Desde los círculos gubernamentales niegan que la salud de Magufuli se encuentre en estado crítico y el primer ministro, Kassim Majaliwa, insiste en que el presidente está trabajando exhaustivamente de puertas hacia dentro. Aun así, la vicepresidenta Samia Suluhu, ante la multiplicidad de los rumores, pedía unidad entre sus compatriotas ante la posible enfermedad del presidente. 

Si algo ha conseguido el presidente tanzano durante los altos picos de contagio de la pandemia ha sido frustrar a la Organización Mundial de la Salud. Renegando de las vacunas, Magufuli confiaba en que Dios y remedios caseros como la inhalación de vapor serían suficientes para proteger a la población tanzana. Algo que podría no valerle ni a él.

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