Kenia y Somalia: de conflicto en conflicto y tiro porque me toca

Kenia ha dado esta semana un ultimátum de 14 días a ACNUR, agencia de refugiados de la ONU, para cerrar los campos de Dadaab y Kakuma en el norte del país. El gobierno lleva intentando cerrar los asentamientos, que acogen a más de 400.000 personas, desde abril de 2015 sin éxito. El Ejecutivo asegura que el cierre se debe únicamente a que desde allí han salido infiltrados terroristas de Al-Shabaab llegados desde Somalia y que el campo se ha convertido en un riesgo para la seguridad nacional. Sin embargo, Somalia acusa a su vecino de juego político sucio. Uno más en una serie de litigios.

Los gobiernos de Kenia y Somalia no se llevan bien. En diciembre, ambos cortaron relaciones. Los segundos acusaron a los primeros de apoyar al gobierno regional de Jubaland que ha impedido la celebración de comicios nacionales en Somalia. Tres meses más tarde, Kenia se retiró del litigio que ambos tienen por un triángulo de 160.000 kilómetros de agua, ricas en recursos naturales, que ambos reclaman como suyas cerca de sus fronteras en el Índico. Ese conflicto les había llevado a la Corte Internacional de Justicia, pero Kenia retiró su protesta asegurando que había parcialidad a favor de Somalia.

Ahora, dos semanas más tarde, Somalia asegura que el cierre de los campos viene como respuesta a su derrota en el conflicto por las aguas. La mayoría de refugiados de ambos campos son somalíes: los primeros llegaron en 1991 con la guerra civil y en 2011 llegaron cientos de miles más tras las graves hambrunas. A todo ello se suma la presencia de tropas kenianas en Somalia en la lucha contra el yihadismo de Al-Shabaab, una alianza débil y llena de sospechas. Sigue el tira y afloja.

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