Guelleh seguirá gobernando Yibuti, el pequeño país repleto de bases militares extranjeras

Yibuti no es más que un puntito rojo en el mapa de África, una pequeña uña de 23.000 metros cuadrados, como la Comunidad Valenciana de extensión, y menos de un millón de habitantes. De no ser por su posición geográfica, sería insignificante. Sin embargo, resulta que el país es la entrada africana al estrecho de Baab el-Mandeb, puerta entre el océano Índico y el Mar Rojo y separación natural de África y Asia. Un lugar clave para la seguridad, la geopolítica y el comercio mundial.

Independizado de Francia en 1977, Yibuti no se abrió al exterior hasta que Hassan Goulen Aptidon cedió la presidencia a su sobrino, Ismail Guelleh, a finales de siglo. Digamos que no es que sean muy democráticos. Este vio la importancia que podía tener su enclave y comenzó a alquilar las tierras a aquellas potencias que querían construir bases militares. La primera fue Francia, quien tiene allí a 5.000 tropas en lo que es su mayor base en el extranjero. Tras los ataques terroristas al World Trade Center, Estados Unidos también montó la suya. En 2008 estableció una base Italia para combatir la piratería y en 2011 llegó Japón y puso una propia ante la creciente influencia China en África. De poco le ha servido, ya que en 2017 el presidente chino, Xi Jinping, anunciaba la primera base militar de su país en el extranjero precisamente en Yibuti. Ah, y un año antes se había sumado Arabia Saudí, con el que Guelleh se lleva bien y apoya en la guerra de Yemen. Bueno, ¿con quién no se lleva bien?

El caso es que Yibuti se ha convertido por obra y gracia de Guelleh en el camarote de los hermanos Marx. Por una parte es una bendición económica de 300 millones de dólares anuales, pero por otra ha convertido al país en un nido de espías. Una especie de experimento geopolítico mundial en África que, de estallar, no le vendría bien nada bien. A priori, a Guelleh le queda solo este quinto mandato que empieza ahora, ya que a partir de los 75 años no puede presentarse a más elecciones. Cinco años más de continuidad y luego, ya se verá.

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