Las elecciones más entorpecidas de Etiopía

Los etíopes estaban llamados ayer a votar en lo que el actual primer ministro, Abiy Ahmed, llamó «el primer intento hacia unas elecciones libres y justas». Sin embargo, la variedad de conflictos y, sobre todo la guerra abierta con la región del Tigray, han puesto en duda unas elecciones donde ni siquiera todos pueden votar. Menos de 37 millones de etíopes se han registrado para votar de un total de 117 millones   y en 78 de los 547 distritos electorales no han podido poner urnas por falta de transparencia, garantías democráticas e inseguridad.

En mayo, la Unión Europea suspendió su misión de observación al no ajustarse a los parámetros democráticos. Esta semana el ministro de Exteriores finlandés, Pekka Haavisto, enviado especial comunitario a Etiopía, ha acusado al gobierno de Ahmed de hacer una limpieza étnica de los tigriña. Más de dos millones de personas han sido desplazadas y el 91% de la población de la región de Tigray necesita ayuda humanitaria. Haavisto asegura que fuentes del gobierno nacional le dijeron que les «borrarían del mapa por 100 años y más», algo que el Ejecutivo de Ahmed niega, tildando de «alucinaciones de todo tipo o algún lapsus en su memoria». Desde noviembre el Ejecutivo federal está en guerra contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT), quien tenía el control antes de la llegada de Ahmed del partido en el gobierno.

Ahmed subió al poder con aires de renovación y sus muestras de reconciliación dentro del país y con la vecina Etiopía le valieron el Premio Nobel de la Paz en 2019. El primer ministro esperaba que esta victoria refrendara su proyecto de unidad nacional, ahora bajo el nombre del Partido de la Prosperidad que creó tras disolver el histórico Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope. Sin embargo, a los conflictos se suma el boicot de los partidos nacionalistas de Oromia, su etnia y la mayoritaria por números de población. Ante tal situación, se espera que venza con soltura ante su principal rival en los comicios, es el partido liberal Ciudadanos Etíopes por la Justicia Social. La legitimidad para implementar su proyecto y el futuro de una Etiopía unida está más en duda.

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