Zuma, a la cárcel por desacato

Jacob Zuma llegó a la presidencia esquivando las rejas. Ahora, tres años después de dejar el liderazgo de Sudáfrica y 16 después de su primera imputación, ha dormido en prisión. El expresidente se ha entregado para cumplir una condena de 15 meses por desacato judicial tras no presentarse en reiteradas ocasiones ante la justicia en una causa que investiga la corrupción durante su mandato. En total, se estima que el presidente robó cerca de 90 mil millones de euros, un tercio del PIB de Sudáfrica, con la ayuda de sus amigos, los empresarios indios de la familia Gupta.

Su encarcelación es un hecho histórico para el país, aunque ha generado un clima de tensión. Zuma ha intentado evitar la cárcel asegurando que sería su pena de muerte y alentando a sus seguidores contra la decisión. Primero rodearon su casa para evitar que se lo llevaran preso y tras entregarse él, han salido con violencia en su provincia natal de KwaZulu-Natal y la de la capital, Gauteng. En total ha habido 6 muertos y más de 200 detenidos en unas protestas que el presidente actual, Cyril Ramaphosa, ha condenado. Los partidarios de Zuma ven su excarcelación como un movimiento político de Ramaphosa para debilitar a la facción pro-Zuma dentro del Congreso Nacional Africano, partido que lidera el país.

Más allá de la corrupción durante sus años en el cargo, el expresidente se enfrenta todavía a un total de 16 casos relacionado con el cobro de 783 pagos ilegales por la compra de armas a países europeos en su tiempo como vicepresidente en 1999. La pieza judicial se reabrió tras su salida del gobierno en 2018, empujado por su propio partido que amenazó con apoyar una moción de censura en su contra, y ahora tiene a Zuma contra las cuerdas. Mientras, sus seguidores revientan el país para defender a quien lo reventó.

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