Turquía expande su red en África

El puente del Bósforo en Estambul conecta Europa y Asia. Turquía, frontera geográfica entre dos continentes, es conocido popularmente como euroasiático, pero ellos prefieren otro término: afroeuroasiático. El país se define oficialmente así, añadiendo a África delante como parte de una manera de acercarse al continente de tú a tú, mostrando sus similitudes. El gobierno turco ha estrechado sus lazos políticos, económicos y sociales con África en el siglo XXI: el presidente turco, Recep Tayip Erdoğan ha visitado 27 países y es el líder extranjero que más veces ha visitado el continente; el país cuenta ya con embajadas en 44 de los 55 países y la inversión suma 6.500 millones de dólares. Sus esfuerzos no son en vano: Turquía es ya el octavo país con mejor imagen entre los africanos, por delante de Rusia y acechando a Francia.

El interés por África viene sustentado por el plan de Erdoğan de ampliar la influencia turca en las antiguas áreas de influencia del Imperio Otomano. En África donde más presencia tiene es en el este del continente, con grandes relaciones con países como Etiopía, donde es el segundo inversor por detrás de China, y Somalia. Turquía tiene sobre todo interés en la comunidad musulmana, a la que se presenta como un país hermano. Su presencia en el continente se basa en dos grandes patas: la ayuda humanitaria y las cofradías islámicas, con presencia en una treintena de países donde educan en el Islam, aunque a una rama sufí se la acusa de promover un islam radical.

El vertiginoso crecimiento de Turquía en África hace que se le tenga que tener en cuenta como un actor importante en la región. A su favor está no tener un pasado en el continente y sus lazos religiosos. Sin embargo, el país todavía está lejos de tener la misma influencia que otros socios como Francia o Reino Unido, como quiere Erdoğan.

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