Las vacunas del coronavirus en África

África está afrontando en la actualidad la peor situación sanitaria desde el comienzo de la pandemia del coronavirus. La variante Delta india se transmite hasta un 225% más rápido que la cepa original y ha sido detectada ya en 22 países del continente. Todo ello ocurre ante una ralentizada campaña de vacunación en el continente. El director del Centro Africano para el Control y Prevención de Enfermedades, John Nkengasong, puso como objetivo inocular a un 20% de la población continental de aquí a final de año, pero por el momento tan solo un 1,3% de las 1,3 mil millones de personas que forman el continente tienen la pauta completa con una de las ocho vacunas disponibles.

 

La marca más utilizada es la producida por la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford. Esta es la opción más extendida y está presente en 46 de los 55 países del continente al llegar dentro del mecanismo global COVAX, que adquiere vacunas a bajo precio financiadas por países en desarrollo para países que no pueden permitirse su compra en el mercado. Estas dosis se producían en el Instituto Serum de India y suponían el 70% de las vacunas llegadas al continente, pero en abril el gobierno indio prohibió la exportación de vacunas ante la ola descontrolada provocada por la nueva variante Delta y no se prevé que envíe más dosis al menos hasta octubre, lo que ha abierto otras opciones. Esta medida de protección afecta también a los dos únicos países africanos que habían acordado la compra de la vacuna india Covaxin: Mauricio y Zimbabue.

 

Para entonces, muchos países se habían cubierto las espaldas con otras vacunas. La principal alternativa viene también de Asia. Hasta 31 países cuentan ya con vacunas elaboradas en China: 27 con las de SinoPharm y 9 con las de Sinovac, con cuatro países con dosis de ambas marcas: Argelia, Egipto, Guinea y Zimbabue. La mayoría de estos países ya compraron sus dosis antes incluso de que la Organización Mundial de la Salud las diera por buenas en mayo y junio, respectivamente. Ahora, tras su aprobación oficial, entrarán también en el mecanismo COVAX.

 

Las buenas relaciones de China con la mayoría de mandatarios africanos han facilitado la llegada de sus dosis y le dan una amplia ventaja en la diplomacia de las vacunas con respecto a Estados Unidos, a quien el gobierno chino quiere hacer ver como un país egoísta: «Algunos países han dicho que tienen que vacunar primero a su población antes de enviar dosis a los demás. Nosotros en cambio hacemos lo que podemos para ayudar con la vacunación a países que lo necesitan», dijo el ministro de Exteriores, Wu Peng, en referencia al envío de vacunas a África. Estados Unidos solo tiene presencia en nueve países entre sus tres farmacéuticas: BioNtech-Pfizer está presente en siete países y que llega a través de COVAX; J&J solo tiene presencia en Sudáfrica y Gabón y la marca Moderna únicamente está disponible en Ruanda. Sin embargo, la Unión Africana ha apostado por comprar dosis de J&J ante el bloqueo indio a AstraZeneca y la necesidad de incrementar el ritmo de vacunación, lo que podría hacer que se extienda por el continente en los próximos meses.

 

Algunos países africanos dependen exclusivamente de un tipo de vacuna, mientras que en otros sus gobiernos han comprado diferentes dosis. Túnez con cinco marcas distintas es el que más variedad acumula, mientras que Angola, Argelia, Guinea y Zimbabue cuentan con cuatro. Además, cuatro países no tienen vacunas todavía: Burundi, Eritrea, Sáhara Occidental y Tanzania. Este último recientemente aceptó entrar a formar parte del mecanismo COVAX tras ser un país negacionista bajo el antiguo presidente, John Magufuli, quien falleció de complicaciones derivadas por el coronavirus.

 

Los países que más marcas acumulan tienen todos un porcentaje de vacunación por encima del 1,3% de media continental, pero aún así es insuficiente y no refleja una ventaja cualitativa: Angola solo había inoculado al 2,35% y Guinea al 3,76% a mitad de julio. Las mayores tasas de vacunación están en los países más desarrollados y sobre todo en las pequeñas naciones isleñas, con un caso que destaca sobremanera: Seychelles ha vacunado al 95,45% de su población y era hasta principios de julio el país que más población había vacunado del mundo, ahora segundo tras Emiratos Árabes Unidos.

 

Una rápida campaña con puntos de vacunación en hospitales, farmacias y hasta empresas se complementó con vacunas a políticos y líderes religiosos para dar ejemplo. La necesidad de abrir el país al turismo, del que depende la economía, y una población de menos de 100.000 personas ayudan a entender el ritmo. Sin embargo, en mayo el país saltó a las noticias tras un repunte de casos con un tercio de ellos siendo en personas con la pauta de vacunación completa, lo que hizo que países occidentales pusieran en duda a la vacuna Sinopharm china. A pesar de no haber habido muertes de población vacunada hasta final de junio, ahora el país ha anunciado que 6 de las 71 muertes son de personas que creían inmunizadas: 5 de ellas son con la AstraZeneca venida de India y 1 con la Sinopharm china.

 

El objetivo de vacunar a un 20% de la población africana este año está muy lejos, así como el de llegar a un 60% en 2022 para alcanzar la inmunidad de rebaño. La dependencia del exterior es uno de los grandes retos: África importa el 99% de sus vacunas y carece de una Agencia Africana de los Medicamentos que coordine los esfuerzos a nivel continental al estilo de la europea. Tan solo 10 centros tienen capacidad de producir vacunas y tan solo en cinco países: Egipto, Marruecos, Senegal, Sudáfrica y Túnez. El objetivo de la Unión Africana es incrementar la capacidad de producción para que un 60% de las vacunas se manufacturen en el continente en 2040, una tarea que llega tarde pero será vital para evitar la dependencia sanitaria del exterior en el futuro.

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