Fallece F.W. De Klerk, el presidente blanco que aceptó el fin del apartheid en Sudáfrica

El 15 de agosto de 1989, el Partido Nacional de Sudáfrica decidió darle la presidencia a F.W. De Klerk. El sistema del apartheid agonizaba con protestas multitudinarias y bloqueos internacionales y De Klerk decidió que antes de esperar a su caída, era hora de ponerle fin. El 11 de febrero de 1990, Nelson Mandela salió de la cárcel y el 4 de mayo comenzaron las negociaciones para la democracia. Era el fin del apartheid.  Las negociaciones por la democracia duraron tres años y dieron a De Klerk el Nobel de la Paz en 1993 junto a Nelson Mandela.

El exmandatario ha fallecido esta semana a los 85 años de edad por un cáncer. Su muerte ha revivido su figura y ha puesta en duda una imagen de pacificador que no es compartida por todos en Sudáfrica. Sus comentarios negando que el apartheid fuera un genocidio y su defensa de la división racial en el pasado le granjearon las críticas de la población, sobre todo la más joven. En un vídeo póstumo difundido por su fundación, De Klerk se ha disculpado y ha asegurado que su mente ha cambiado completamente: “Pido perdón sin reservas por todo el dolor e indignidad causado a la población negra, mixta e india de Sudáfrica”.

Sus disculpas son un intento de reconciliarse con el pueblo sudafricano. De Klerk no recibirá un funeral de Estado ante las críticas de un sector de la población liderado por Julius Malema, líder del partido de extrema izquierda EFF. Este ya criticó su asistencia en 2020 al pleno llamándole “asesino” y prometió movilizaciones si se le honraba en su muerte. Como Malema, muchos le ven ahora como un hombre parte del sistema del apartheid más que alguien que acabó con él. Al contrario que Malema, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, le agradeció su “rol vital en la creación de la democracia”. Con De Klerk se marcha el último líder del apartheid en un país que todavía vive una clara división económica entre blancos y negros, con los primeros cobrando tres veces más que los segundos. La desigualdad económica divide al país y pone en cuestión el proceso de reconciliación y el espíritu arcoiris de unión nacido hace ya 30 años.

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