Los burkineses se hartan de la incapacidad de su gobierno y Francia

En 2015, Burkina Faso no conocía la violencia yihadista. Tres días antes de Nochevieja, Roch Marc Christian Kaboré tomó posesión como nuevo presidente tras ganar las primeras elecciones celebradas después de la salida por las revueltas del expresidente Blaise Compaoré. Seis años después, los ciudadanos están hartos de la inseguridad. El oasis del Sahel ha pasado a ser el infierno yihadista, con más de dos mil muertos y 1,4 millones de personas desplazadas.

Esta domingo, la Coalición 27 de Noviembre reunió a cientos de ciudadanos en la capital, Uagadugú, que piden la dimisión del gobierno ante su incapacidad de contener la violencia yihadista. Las protestas fueron oprimidas con gas lacrimógeno por la policía y aumentó la tensión en el país. La gran manifestación se convocó tras el mayor asesinato de fuerzas de seguridad burkinesas hace una semana, cuando un ataque se cobró la vida de 49 militares y cuatro civiles.

A ello se suma el bloqueo durante más de una semana de un convoy francés de 60 vehículos y 100 soldados, que tuvo que retroceder a la capital tras ser parado en la ciudad de Kaya por burkineses críticos con la gestión francesa. Las protestas llevaron al gobierno a cerrar internet durante seis días, aumentando la tensión. El convoy marchaba de Costa Marfil a Níger y Mali y se ha encontrado también con resistencia al cruzar la frontera burkinesa hacía Níger, con dos muertos y 18 heridos. El presidente francés, Emmanuel Macron, ordenó el fin de la Operación Barkhane, de la que formaban parte los soldados bloqueados, en el primer cuatrimestre de 2022, ante la ineficacia de resultados y el creciente sentimiento antifrancés en la región. La violencia yihadista ya harta a los burkineses, que miran hacia fuera y sobre todo, hacia su gobierno, incapaz de garantizar la seguridad en todo el país.

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