El año de oro de las literaturas africanas


Este podcast acompaña al análisis. Realizado, producido y narrado en colaboración con Calle Mundo Podcast.

El otoño de 2021 ha sido la fiesta del reconocimiento a las literaturas africanas. En menos de un mes han caído seis premios internacionales: Empezó el 7 de octubre con el más prestigioso de todos: el Nobel de Literatura fue a parar sorprendentemente al escritor tanzano Abdulrazak Gurnah. Menos de un mes después, ya eran seis: a finales de mes el comité del Premio Neustadt Internacional de Literatura estadounidense concedió su premio al senegalés Boubacar Boris Diop tan solo dos días después de que la asociación de editores de la feria del libro alemana dieron el Premio de la Paz —Friedenspreis des Deutschen Buchhandels— a la zimbabuense Tsitsi Dangarembga. A la semana, cayeron los gordos en Portugal, Francia y Reino Unido: la mozambiqueña Paulina Chiziane se hizo con el Premio Camões; el senegalés Mohamed Mbougar Sarr el Premio Goncourt francés y el sudafricano Damon Galgut con el Premio Booker británico.

A pesar de todo, los galardones no tienen ninguna relación entre sí. Cada jurado es independiente y los propios autores no tienen relación entre sí, más allá de que coinciden dos senegaleses. Algunos premian una trayectoria entera, como el Nobel, el Neustadt y el Camões, mientras que otros como el Booker o el Goncourt son de una obra concreta. Es por ello por lo tanto que la primera cuestión está resuelta: no es que se hayan publicado los mejores libros africanos en 2021. “Los premios sí ayudan a visibilizar, pero es un poco triste lo de siempre: de repente es como si ahora existieran las literaturas africanas”, asegura Sonia Fernández, fundadora del blog de literatura africana Literáfricas.

Si tuviéramos que encontrar las razones por las que en 2021 se ha producido este boom de premios no es por la cantidad o calidad de libros, sino por la visibilización exterior de todas las culturas africanas en los últimos años. Gran parte de la ayuda es la globalización y la tecnología: ahora es más fácil acceder a libros de la otra parte del mundo en versión digital. Además, el coste de producción también se ha reducido, ahora más africanos, cada vez más jóvenes, tienen acceso a un móvil y pueden crear y difundir cultura de manera más fácil, rápida y barata.

Sin embargo, lo que ha otorgado un empuje definitivo ha sido la pandemia de Covid-19. Con las restricciones, mucha gente ha optado por consumir cultura de manera digital y eso se ha visto reflejado no solo en la literatura africana, sino también en el cine y la música, con canciones como Jerusalema siendo un hit internacional. El cierre de fronteras ha producido el efecto contrario en la cultura, abriendo puertas a nuevos mundos.

Literaturas africanas: influencias de la diáspora

Tras la ola de premios se ha comenzado a hablar del año de oro para la literatura africana. Sin embargo, poner a todo estos autores en un mismo marco es difícil. Ya no solo es la distancia entre ellos —de la Sudáfrica de Damon Galgut a a Senegal de Diop y Sarr hay muchos más kilómetros que de la propia Senegal a España— sino también por diferencias culturales, sociales e incluso de género y estilo literario. “Yo siempre hablo de literaturas africanas en plural”, dice Chema Caballero, co-fundador de la colección Libros del Baobab de lecturas africanas. “Hablo de literaturas africanas para resaltar la riqueza, la diversidad y la pluralidad de voces, puntos de vista, contextos donde surgen y nacen estas literaturas”, incide.

Catalogar por tanto todos los libros que nacen de un continente de 55 países es harto imposible. Sin embargo, muchos de los libros premiados y los que llegan a ser exitosos en Occidente tienen una cosa en común: sus autores, a pesar de ser africanos, también viven en Occidente y escriben en lenguas de los países coloniales. El Nobel de este año, Gurnah, es un caso ejemplo: nacido en la isla de Zanzíbar en 1948, a los doce años se mudó con su familia a Reino Unido como refugiado. Desde entonces ha vivido allí. También es el caso de Sarr, el Goncourt de 2021, nacido en Senegal pero que pudo seguir con sus estudios en Francia.

Esto ha llevado a la crítica a los numerosos jurados por premiar a autores ‘occidentalizados’. “Los autores de la diáspora saben que su público es eminentemente occidental y están contando África para que los lectores occidentales lo entendamos y seamos capaces de que llegamos a entender eso”, asegura Caballero. “En cambio, los que viven en África y escriben para africanos no necesitan contar África porque la gente que lo lee entiende los códigos, las costumbres”, finaliza.

Los que viven en la diáspora han podido hacerlo por oportunidades de estudio o forzados por el exilio. “Al final son los que han tenido acceso a los medios, publicar en África y distribuir es muy complicado, pero creo que esto está cambiando”, asegura Sonia Fernández. En cualquiera de los casos, sus experiencias son únicas y distintas a las de la población local.

Si estos escritores y escritoras son críticos con la política de su país, los gobiernos locales juegan rápido la carta de criticarles diciendo que son unas marionetas de Occidente. Es el caso que le podrían decir a Tsitsi Dangarembga, quien nació en Zimbabue pero se mudó bien pronto a Inglaterra y aprendió primero inglés que su lengua materna, el Shona. Volvió a su país a los seis años pero regresó para cursar Medicina en la Universidad de Cambridge y más tarde estudió en Berlín. Su oposición al gobierno de ZANU-PF le llevó al arresto en 2020 pero, a pesar de ello sigue residiendo en Harare, la capital del país. Otros autores críticos como el sempiterno candidato al Nobel, el keniano Ngugi wa Thiong’o, sí se tuvieron que exiliar para poder seguir escribiendo libremente.

Estos autores, marcados por sus experiencias en el exterior, cuentan las historias desde un punto de vista personal. Esto lleva a una gran pregunta: ¿hasta qué punto los grandes galardones acaban destacando literaturas africanas que ofrecen una imagen distorsionada de la realidad africana? Es decir, ¿acabamos formándonos en Occidente una idea de África que no es tal, sino la que se proyecta por algunos autores que viven en la diáspora?

“Es algo fuera de lo normal que las literaturas queden representadas por quienes están fuera del lugar”, asegura Sonia Fernández, quien en su blog Literáfricas apuesta por literaturas del terreno. Sin embargo, matiza que no por ello hay que dejar de leer a aquellos que viven en el exterior ya que también reflejan su país. “No tienen por qué excluirse, son complementarias. Un escritor puede narrar perfectamente su país como otro autor que no ha salido del mismo”.

A pesar de todo, cada autor no tiene por qué hacer una representación exacta de la realidad de su país, menos aún del continente. Al igual que a ningún escritor o escritora español se le pide entender España a través de sus letras, no se debería leer con ese prisma los libros salidos del continente. “África son muchas Áfricas, muchas realidades. Un autor africano no tiene por qué escribir sobre África. Pueden escribir sobre cualquier tema”, comenta Caballero.

La dificultad radica en llegar a autores africanos que residen en sus países y escriben en idiomas nativos. A pesar de ello, también hay quien escapa la norma: “tanto Boubacar Boris Diop como Paulina Chiziane viven en Senegal y Mozambique respectivamente y además Boris Diop escribe en wolof, su lengua materna”, matiza Sonia Fernández. Este último, el idioma, también es otra diferenciación. El keniano Ngugi wa Thiong’o escribe en gikuyu, la lengua de su etnia, y ha sido candidato al Nobel en múltiples ocasiones, pero sin finalmente conseguirlo. Esta actúa como barrera por varios motivos: primero por la gente que puede leer el texto original y segundo por la dificultad para traducirlo y hacer llegar sus riquezas.

Por último, cabe destacar la poca notoriedad histórica que se ha dado en la literatura africana a las mujeres y cómo poco a poco consiguen su hueco. El premio de Chiziane es una muestra, pero hay grandes escritoras jóvenes que pisan con fuerza como Koleka Putuma, Oyinkan Braitwaite, Kopano Matlwa o la internacionalmente reconocida Chimamanda Ngozi Adichie. “La mujer tiene muchísima presencia pero no son tan visibles como los hombres, sobre todo en los premios grandes”, dice Ángeles Jurado, periodista y parte del equipo de comunicación de Casa África. “A pesar de ello, el peso de las mujeres en la industria literaria es increíble y no se puede menospreciar”.  Con todo, Jurado asegura que no cree que sea una situación que se dé solo del continente africano: “Es un enorme problema pero creo que también ocurre en nuestro país”.

Literaturas africanas en España

Al igual que en otros países, en España el interés por los libros venidos de autores africanos está al alza. “Cada vez hay más clubes de lectura y más editoriales que se atreven a publicar no solo en castellano, sino también en catalán, euskera o gallego”, asegura Caballero.

Los premios internacionales y europeos abren también la pregunta de cuándo podremos ver un gran premio literario español recaer en manos de un escritor subsahariano. “Todavía estamos muy lejos de los anglófonos y francófonos en la aceptación de la literatura que no se hace en España”, asegura Jurado.

“Estamos muy lejos de premiar a autores africanos que escriben en español o son traducidos”, se lamenta. En ese sentido, la literatura que sale de Guinea Ecuatorial está silenciada. “A Donato Ndongo, uno de los mejores escritores africanos en español, no se le reconoce en absoluto”, comenta la periodista de Casa África.

¿Cómo acceder a los libros?

Uno de los grandes problemas es llegar a esos libros. ¿Dónde encontrar libros de autores africanos? Si vives en la capital de España, hay varias, pero destaca una: “En Madrid, la librería Pasajes puedes encontrar bastantes obras”, recomienda Caballero, quien a pesar de todo recomienda páginas webs como Book Depository o Book Wok para encontrarlas. En blogs como Literáfricas, Afribuku o Wiriko puedes también estar al día.

Con todo, no siempre están los libros en castellano. Por eso que Sonia Fernández, Chema Caballero y Alejandro de los Santos, fundador este último del medio cultural Afribuku, han creado la colección Libros del Baobab, por la cual traducen al castellano dos libros inéditos de autores africanos. “Pensamos que sería bueno hacer llegar esta riqueza al mayor número de personas posible”, resume Caballero.

Si uno está pensando en adentrarse en literaturas africanas, dos de los libros que coinciden los tres entrevistados en castellano son Paraíso, del Premio Nobel de Literatura 2021, Abdulrazak Gurnah, el primer libro traducido al castellano por la editorial Salamandra que publicará su colección entera. Además, también recomiendan la novedad otoñal de Libros del Baobab, el libro Camarada Papá de Armand Gauz. “Yo no recomiendo literaturas africanas porque sean africanas, sino porque son buena literatura”, finaliza Sonia Fernández.

 

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