El lastre de la violencia sexual en la salud de más de un millón de mujeres congoleñas

“Lo necesitan, doctor, ahora mismo. Es una emergencia”. Así, atropellados, llegaban los pacientes al Hospital de Panzi que el doctor congoleño y Premio Nobel de la Paz, Denis Mukwege gestionó. Lo cuenta él mismo en su libro La fuerza de las mujeres (Galaxia Guttenberg), donde repasa su trayectoria trabajando con mujeres que han sufrido violencia sexual. Era septiembre de 1999 y la República Democrática del Congo ya estaba sumida en uno de los mayores infiernos sanitarios: las violaciones sistemáticas a las mujeres. Entre septiembre y diciembre de ese mismo año, 45 mujeres ingresaron en el centro hospitalario de Panzi por heridas infligidas durante las violaciones cometidas por soldados o rebeldes. Tiros en los genitales, introducción de objetos punzantes, palos e incluso pistolas en las vaginas de sus víctimas, provocaron graves daños físicos e irremediables efectos psicológicos.

 

Estimar el número de violaciones en R.D. Congo no es una tarea fácil. La ausencia de un rastreo metodológico eficaz, el encubrimiento de las fuerzas militares de muchos de los episodios y la renuncia de algunas mujeres a denunciar los delitos cometidos contra ellas entorpecen las estadísticas. Aun así, se estima que

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