Once bebés mueren en un hospital en Senegal

En Estados Unidos, la tragedia de las armas se llevó a 17 personas en Texas. A miles de kilómetros del instituto de Uvalde, once bebés senegaleses también morían sin quererlo ni merecerlo en un incendio de un hospital de la ciudad de Tivaouane. El fuego se provocó por un cortocircuito en el sistema eléctrico.

Como en Estados Unidos, allí tampoco era la primera vez que ocurría. En abril del año pasado otros cuatro recién nacidos fallecieron en un hospital de Linguere. El mes pasado, una mujer murió tras intentar sin éxito durante 20 horas encontrar un lugar con capacidad para hacerle una cesárea.

El presidente, Macky Sall, ha destituido al ministro de Sanidad, Abdoulaye Sarr, pero el cambio de persona en cabeza no cambia un problema sistémico. El país solo gasta un 1,7% de su PIB en el sistema de salud, un valor menor a la media de países de su nivel económico, de 2,8%. A ello se una la falta de fiabilidad del sistema eléctrico que produce cortocircuitos fatales.

Para solventarlo y evitar más muertes innecesarias, Senegal debe apostar más por invertir en salud y electricidad a largo plazo. Porque en Senegal sienten como el entrenador de los Golden State Warriors, Steve Kerr, «¿Cuándo vamos a hacer algo? Estamos hartos de lamentar las pérdidas, mandar condolencias y estar de luto».

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