¿Puede un golpe de Estado ser bueno?

El Teniente Coronel Paul-Henri Damiba enmarcado en el centro del objetivo, miraba fijamente a cámara rodeado de banderas de Burkina Faso. Coronaba su uniforme militar con una barretina roja mientras prometía con palabras “dignidad”, “integridad” y slogans grandilocuentes vacías de contenido como “hogar o muerte” “lo superaremos”. La puesta en escena no estaba escogida al azar. En su primera comparecencia como nuevo presidente de Burkina Faso, Damiba escogió palabras y atuendo que recordaban a las de Thomas Sankara, quien en 1980 llegó a la jefatura tras un golpe de Estado.

Las similitudes eran buscadas: mientras la comunidad internacional condenaba el quinto alzamiento militar fructífero en poco más de año y medio en África, Damiba buscaba asociarse a un militar como Sankara que consiguió erigirse como héroe nacional y figura internacionalmente reconocida.

El caso de Sankara hace surgir una pregunta interesante: ¿puede un golpe de Estado ser positivo? Si la respuesta es sí, ¿bajo qué condiciones?

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