Hace poco más de un año, el periodista José Ignacio Martínez Rodríguez se propuso acompañar a las hermanas Zamda y Um Nchira una mañana cualquiera en su camino a clase. Contaba en El País Planeta Futuro cómo las niñas, que viven en un pueblo de la zona central de Tanzania, tienen que caminar 10 kilómetros cada día para ir y otros 10 para volver, despertándose a las 04:30 para caminar entre la oscuridad e incluso cruzar un río. Martínez explicaba que más allá del cansancio físico por el esfuerzo, las niñas tenían también que superar el miedo a ser agredidas: un 30% de ellas lo eran en su país antes de cumplir la mayoría de edad.
El caso de estas dos niñas no es único ni se circunscribe a Tanzania. Su historia es recurrente entre otras niñas en zonas rurales de países africanos. Andar solas y largos caminos para poder estudiar es una mayor que poco a poco se intenta reducir. Una fórmula en auge es cambiar las dos piernas por las dos ruedas.
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