No pasarán, pero morirán

Mientras el sol se ponía el pasado domingo en la ciudad costera de Nador en Marruecos, los operarios del cementerio de Sidi Salem excavaban las fosas para enterrar a los al menos 23 muertos que intentaron cruzar la valla a Melilla el pasado viernes. Una tragedia con nombres y apellidos pero exenta de responsables.

La llegada de más de 2.000 inmigrantes comenzó durante la madrugada del viernes. A pocos kilómetros de la ciudad, en el monte Gurugú, la mayoría vivió meses e incluso años en condiciones precarias a la espera de cruzar hacia España. Ahora la zona está desierta. Muchos han huido por el miedo de ser detenidos en las calles de Nador, y convertirse en víctimas de las represalias de las autoridades marroquíes, que cargaron contra los muertos y heridos en el episodio migratorio más mortífero registrado en la frontera de Melilla.

Hasta entonces, las redadas en el Gurugú se habían convertido en tradición. La policía marroquí traslada a quien captura a la frontera con Argelia, pero muchos insisten en volver, aunque sea a pie y a pesar de correr el riesgo de morir en el camino.

Aun así, el principio del recorrido comienza mucho más allá. Las últimas investigaciones apuntan a que una gran parte provenían de Sudán, que desde la toma del poder por los militares en octubre de 2021, atraviesa una profunda crisis económica, una desorbitada inflación y la escasez de alimentos y medicamentos.

Consecuencia directa de un error histórico

Al mismo tiempo que Pedro Sánchez justificaba la actuación de la gendarmería marroquí y hacía responsable a las mafias de tráfico de personas, el gobierno español celebraba en Dajla, ciudad del Sáhara Occidental y núcleo duro del conflicto, un encuentro para captar inversiones de empresas españolas en la zona.

Esta reacción violenta dista mucho de la reacción hace un año y una semana de las autoridades marroquíes, cuando instigaron a entrar a nado a Ceuta a más de 8.000 personas. Este evento propició el comienzo de este y es fruto directo del acuerdo de reconciliación con Marruecos firmado hace tres meses en el que se reconocía como mejor solución al conflicto del Sáhara Occidental que quedara bajo soberanía marroquí.

Un acuerdo cuyas ‘garantías’ se han visto reflejadas en muertos al otro lado de la frontera y en el peligroso distanciamiento diplomático con Argelia, que ha acusado a Marruecos de cometer una ‘carnicería’ a las puertas de Melilla. La condena ha sido compartida por la Unión Africana, que ha tildado de «shock» el trato a las personas en la frontera y ha urgido una investigación.

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