La muerte de Dos Santos: una novela negra muy real en Angola

La muerte de José Eduardo dos Santos en Barcelona tiene todos los tintes de una novela policiaca. ¿Muerte o asesinato? El que fuera presidente de Angola durante 38 años falleció el pasado viernes a los 79 en la clínica Teknon, según anunció el actual gobierno angoleño a través de Facebook.

Cuatro días antes, una de sus ocho hijas, Tchizé Dos Santos, acusó a la última de sus cuatro exmujeres y su médico personal de intentar asesinarle precisamente a petición del gobierno. Ahora dice que la familia no autorizó comunicar su muerte y que su padre quiere ser enterrado en la capital catalana, a pesar de querer el gobierno hacerle un funeral de Estado en Angola. Según los abogados de la hija, Tchizé, todo esto lo hace el gobierno angoleño «para aparentar unidad con el expresidente» de cara a las elecciones de agosto, donde el Ejecutivo actual busca el apoyo de los fieles a Dos Santos. Por el momento, el juez ha concedido hacer la autopsia y el cuerpo sigue en Barcelona.

La historia es tan rocambolesca como parece, pero vamos a situarnos. En marzo de este año, Dos Santos vuelve a Barcelona tras pasar seis meses en Angola con 30 kilos menos, pesando solo 45 kilos y en situación límite, según la familia. Era la primera vez que volvía a su país tras dos años de autoexilio en Barcelona. En 2019 se marchó tras la persecución a su familia del actual presidente, João Lourenço, a quien el propio Dos Santos había nombrado sucesor cuando decidió dejar el poder en 2017. Lourenço buscó distanciarse y fue a por su familia: echó a su hijo José Filomeno de Sousa del fondo soberano de inversión y lo condenó a cinco años de prisión por malversación y repitió táctica con la hija, Isabel dos Santos, hasta entonces cabeza de la petrolera estatal Sonangol. En 2020 se publicaron los Luanda Leaks, miles de documentos sobre los negocios oscuros de la familia Dos Santos donde Isabel estaba en el foco. La hija tenía un perfil político que amenazaba a Lourenço, quien ha conseguido que se congelen sus cuentas y viva lejos de Angola, en Abu Dabi desde donde evita ser encarcelada.

A pesar de todo, su figura va más allá de su turbio final. Angola no se entiende sin José Eduardo Dos Santos, quien asumió el poder en plena guerra civil angoleña tras la muerte de Agostinho Neto. Apoyado por Cuba y la Unión Soviética, el Movimiento Popular de Liberación de Angola de Dos Santos resistió y venció tras 27 años de guerra en 2002. En esos años Angola se convirtió en centro de la Guerra Fría con tropas cubanas y sudafricanas –del gobierno del apartheid– luchando por uno y otro lado. Desde la paz, Angola creció a base del petróleo, pero a su economía le faltó diversificarse–el petróleo supone el 50% del PIB y 89% de exportaciones– y hacer llegar sus frutos a las clases bajas, haciendo del país uno de los más desiguales del mundo. Cinco años después de su salida del poder, Dos Santos descansa, aunque todavía no en paz.

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