Si fuera por África tal vez ‘God would not Save the Queen’

«Si realmente hay vida y justicia tras la muerte, esperemos que Isabel y sus ancestros tengan lo que se merecen». El comunicado del partido de izquierda en Sudáfrica, el Economic Freedom Fighters (EFF), tras anunciarse la muerte de la reina Isabel II levantó ampollas en las redes sociales por su crítica en un momento de respeto, pero no eran los únicos. Multitud de africanos aseguran que no van a rendir homenaje ni lamentar la muerte de una persona que cuando llegó al trono gobernaba sobre un 30% del continente.

Isabel II se enteró de que era reina en África: estaba de viaje oficial en Kenia cuando su padre falleció en 1952. Sus primeros años de gobierno tuvo que lidiar con la caída del Imperio Británico y todo el proceso de descolonización. Aquellos que ascendían al poder le apreciaban, no en vano eran de las élites privilegiadas del periodo colonial. Mantuvo buenas relaciones con líderes políticos como Kwame Nkrumah en Ghana o Nelson Mandela, convenciéndoles para permanecer como aliados en una Commonwealth que a día de hoy incluye a 21 países africanos, algunos que incluso no fueron colonia y se han unido recientemente como Ruanda en 2009 o Togo y Gabón este mismo año. Los presidentes actuales sí han honrado su figura y declarado días de luto.

Sin embargo, muchos no perdonan que su familia gobernara durante el dominio colonial que incluyó episodios sangrientos bajo su reinado como la represión contra la rebelión Mau Mau en Kenia, donde murieron al menos 11.000 personas y tuvieron a 1,5 millones de personas entre campos de concentración y aldeas vigiladas. Ahora muchos de ellos buscan compensaciones por sus torturas.

Las críticas vienen también por la falta de reconocer los daños y disculparse por ellos en vida en un momento que otras antiguas metrópolis y monarquías sí lo han hecho. Alemania reconoció el genocidio en Namibia y el rey de Bélgica ‘lamentó’ la colonización del Congo. Además, algunos exigen también que devuelva joyas que consideran robadas en tiempo de colonización en un momento donde otros países sí las restituyen, como Francia con Benín. En la corona británica está el diamante más caro de la historia encontrando en 1907 en Sudáfrica y regalo del gobierno de minoría blanco al entonces rey Eduardo VII. Este es un periodo de reflexión en África sobre los vínculos con Reino Unido y muestra que a pesar del cariño global, no es oro todo lo que reluce en torno a Isabel II.

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