África empuja por un sitio en el Consejo de Seguridad de la ONU

Al tercer día, África pidió su sitio. “Africa tiene una legítima y justa petición de reforma del Consejo de Seguridad», dijo el presidente senegalés Macky Sally, cabeza actual de la Unión Africana. “Las amenazas a la democracia no se solventarán con un Consejo de Seguridad que no es representativo», había dicho antes William Ruto, presidente de Kenia. Su homólogo nigeriano Muhamadu Buhari siguió: «Hacen falta estructuras más efectivas». ¿Queda claro?

Los líderes africanos han aprovechado la 77ª Asamblea General de la ONU en Nueva York para empujar cada vez más fuerte por una demanda que lleva décadas: un lugar en la mesa de decisión mundial. La petición data de 2005 cuando la Unión Africana firmó en Esuatini un acuerdo para solicitar dos puestos permanentes y cinco electos en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero diecisiete años después, el continente sigue con solo tres electos.

Esta vez, los cantos de sirena parece que son más fuertes y se oyen a miles de kilómetros. Japón ha sido el más vocal al decir que apoya su moción para «reparar la injusticia histórica contra África». Más importante ha sido el paso de Estados Unidos, que antes de la Asamblea mencionó el apoyo a ampliar los sitios permanentes para incluir a África, América Latina y el Caribe. China ya ofreció su apoyo hace dos décadas. Sin embargo, ahora hay que ver si las palabras se convierten en hechos. La fórmula de la ampliación quitaría poder a los cinco miembros actuales e incluiría a otros países como India y Alemania.

Conseguir al menos un sitio sería un paso adelante, pero insuficiente y probablemente poco efectivo. En un continente con una población mayor que la de cuatro de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, Francia, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido, un asiento para 54 países sería poco. Además, ¿cómo conjugar una voz africana en materia de paz, seguridad y economía con países tan diversos, con conflictos entre sí y socios e intereses dispares? El tener un sitio en la mesa es un primer paso necesario, pero luego habría que ver qué voz se alza en ella y quién la escucha.

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